Un tipo trabaja de chivo expiatorio en unos grandes almacenes. Es decir, cada vez que viene un cliente a a quejarse, le echan la culpa, él monta un numerito lacrimógeno y el cliente retira la queja.

Este el comienzo y la parte más normal.
A partir de ahí, alguien decide cargarle unos cuantos muertos más (literalmente) y entramos en un despendole de misterios, asesinatos y personajes curiosos, incluida la familia del protagonista, que no tiene desperdicio.

Muy divertido, tierno y con mala leche al mismo tiempo.

Mejor todavía: Si te gusta (te gustará), hay cuatro libros más con los mismos personajes.